“Un beso, un corazón, y mi perfume”

Consuelo Cruzat es asesora de lactancia y psicóloga infanto juvenil. En este artículo nos deja una preciosa enseñanza: que a veces la táctica más eficiente para atravesar un momento emocional difícil de nuestros hijos/as, es conectar con ellos/as para saber qué necesitan. Y que muchas veces, esa táctica termina siendo también un consuelo para los padres.

 

“Con todos los cambios y procesos que nos ha tocado vivir el último tiempo, nuestra Emi se resintió mucho. Y de nunca haber llorado para quedarse en su playgroup, comenzó a ser súper dificil la separación.”

 

Lloraba incluso antes de salir del departamento y cuando llegábamos se aferraba a mí, como una lapa suplicándome que no me fuera.

 

Ya conocía a todos los niños y a la tía, por lo que no era adaptación. Era que todo su mundo estaba inseguro porque veía que yo no estaba bien. Me estaba recuperando de una operación, iniciando un duelo intenso y profundo, y sin poder tomarle en brazos por 1 mes completo.

 

¿Cómo no iba a querer separarse de mi? Yo soy su estabilidad y seguridad, pero casi no podía mantenerme de pie.

 

Así que en la desesperación, empezamos a usar el ritual del beso en la mano y fue maravilloso. Les cuento en qué consiste:

 

Me pinto los labios bien marcados y le planto un beso firme en su manito. En la otra mano le dibujo lo que ella me pida (casi siempre es un corazón). Luego junta sus manitos y le echo un poco de mi perfume.

 

Inmediatamente las acerca a su nariz y aparece una sonrisa de oreja a oreja que me da el ánimo para partir mi día. Ver su cara de satisfacción me hace maravillarme de lo que yo significo para ella. Basta un beso y un poco de mi olor para que la separación sea infinitamente más tranquila.

 

La primera vez que lo hicimos le dije que ese beso iba cargadito de todo lo que la quiero, así que si me echaba de menos, le diera un beso a la marca en su mano y la oliera fuerte para que me sintiera cerca. ¡Y pucha que nos ayudó!

 

Hoy ya estamos mejor las dos, y eso permitió que no llore más cuando va al playgroup, pero sagradamente antes de salir me pide el beso, el perfume y el corazón. Lo hemos hecho tradición y parte de nuestra rutina de la mañana. Y realmente ya no sé quién lo necesita más, si ella para sentirme cerca, o yo para recargarme de esa sonrisa de placer que le veo cuando siente que tiene algo tremendamente preciado tatuado en su mano.

 

Gestos simples a veces hacen grandes diferencias. Usen la creatividad para llegar a sus hijas e hijos, que es la mejor forma que tenemos para ayudarlos a transitar por emociones fuertes.

 

Consuelo Cruzat

Asesora de Lactancia

Psicóloga Infanto Juvenil

Instagram: @con_su_lactancia

La entrada “Un beso, un corazón, y mi perfume” se publicó primero en Vaico Medical.

Soluciones Ardo