¿Terror nocturno o pesadilla?

¿Un terror nocturno es lo mismo que una pesadilla? ¿Cómo puedo diferenciarlos? ¿Cómo puedo ayudar y contener a mi hij@o cuando esto ocurre? Jacinta Concha es asesora de lactancia y de sueño infantil y aquí nos aclara todas las dudas respecto a los terrores nocturnos y pesadillas.

Por Jacinta Concha @maternidadyfamilia

Si alguna vez has visto a tu hijo como “poseído” gritando y pataleando en la noche, no está teniendo una pesadilla, sino un terror nocturno.

NO son lo mismo. Y es importante diferenciarlos, para saber qué hacer en cada caso.

Los terrores nocturnos se dan entre 1 a 4 horas después de que el niño/a se ha dormido, produciéndose en una fase de sueño profundo. Pueden aparecer desde los 18 meses, aunque lo más común es desde los 3 hasta los 8 años. La prevalencia infantil es de un 10%.

En un terror nocturno el niño tiene los ojos abiertos, pero está dormido. Por ello no te reconoce, y siente miedo de las personas u objetos que hay en la pieza. Si intentas calmarlo no podrás, porque está dormido. Es muy dramático. Duran entre 5 a 30 minutos. Después del episodio se duermen como si nada, y al día siguiente no recordarán lo sucedido.

Por otra parte, las pesadillas se dan cuando el niño está soñando, por lo tanto es en una fase REM del sueño (sueño activo). Se dan en la mitad de la noche. Todas las personas tenemos sueños, y por lo tanto pesadillas. En los niños suelen aparecer junto con el desarrollo explosivo de la imaginación (alrededor de los 2 años).

Cuando el niño se despierta de este sueño que le ha causado miedo, te llamará y podrá contarte lo sucedido. Puede que esté llorando, pero lograrás calmarlo.

Ambos son inocuos, no presentando ningún efecto adverso en el desarrollo o a nivel neurológico. No requieren medicación, sino que algunas técnicas sencillas pueden ayudar.

Sabiendo esto, nos preguntamos entonces, ¿qué puedo hacer ante estos episodios y cómo prevenirlos?

Respecto a las PESADILLAS: Si se dan frecuentemente y el tema se repite, suele ser un indicador de ansiedad en el niño. A los niños les cuesta “procesar” lo que viven durante el día. Esos sentimientos sin canalizar necesitan ser procesados de alguna forma. Así es como esas emociones, en una pesadilla, se convierten en monstruos o vivencias distorsionadas.

 

1. ¿Qué hacer previo a dormir?

    Evitar películas, cuentos o imágenes que aterroricen a los niños/as.

    Reducir el estrés durante el día.

    Evitar separaciones prolongadas de sus figuras de apego.

    Conversar sobre lo que ha pasado en el día y cómo se siente.

    A veces dejar una luz prendida o la puerta abierta, calma el miedo a la noche.

 

2. ¿Qué hacer si ya despertó por una pesadilla?

    Tranquilizarl@: no le digas “no pasa nada”, porque para él/ella ha sido real. Dile más bien, “Estás seguro”, “Aquí estoy para acompañarte”.

    Mantén una actitud de seguridad.

    Quédate con él/ella el tiempo suficiente para que logre volverse a dormir tranquilo/a.

    Si es una temática repetitiva, reconstruye la historia con un final feliz.

 

En cuanto a los TERRORES NOCTURNOS: Como saben, se dan en la primera mitad de la noche, en una fase de sueño profundo. Los terrores se deben a una imposibilidad de “aligerar” ese sueño profundo de una manera normal.

 

3. ¿Qué hacer previo a dormir?

    Lleva a dormir a tu hij@ más relajado y no tan agotad@. Si hace falta introducir una siesta o llevarlo a dormir más temprano, hazlo.

    Evita situaciones de estrés.

    Sigue una rutina durante el día que le entregue seguridad.

    Descarta problemas respiratorios.

 

4. ¿Qué hacer si está teniendo un terror nocturno?

    Mantén la calma.

    Quédate junto a él/ella, cuidando que no se haga daño. No intentes tocarlo o tomarlo, salvo que se fuera a lastimar.

    No lo despiertes.

    Al día siguiente no le preguntes qué ha pasado, porque no lo recordará.

 

Jacinta Concha

Instagram: @maternidadyfamilia

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