La nutrición emocional, por el Centro Acuna

Fernanda Karlezi y Anastasia Fernández, psicólogas de Primera Infancia del Centro Acuna (@centroacunawww.centroacuna.cl), nos hacen una pregunta: ¿estás nutriendo la mente y emocionalidad de tu hijo, tanto como te preocupas de su alimentación? 

Es común escuchar hablar de la relevancia que tiene una alimentación sana, ya que nos entrega los nutrientes necesarios para lograr un desarrollo físico adecuado, prevenir y combatir enfermedades y, básicamente, mantenernos vivos. De este tema existe variada información, desde libros, programas de TV y sitios de internet, hasta programas de gobierno y políticas públicas que promueven una alimentación saludable y equilibrada para la infancia. 

Gracias a esto, los niños de hoy aprenden a temprana edad a distinguir un alimento saludable de uno que no lo es. Preguntas como “¿Mamá, esto es sano?” son comunes en los niños, y las clásicas galletitas de arroz un infaltable en sus mochilas. Los padres están tomando consciencia de lo que le dan a sus niños, preocupándose de incluir alimentos orgánicos, sin tantos colorantes y de un origen conocido, teniendo en cuenta lo importante que es decidir qué tipo de “combustible” utilizan para echar a andar el cuerpo de sus hijos.

Si bien la alimentación es fundamental para un desarrollo fisiológico sano, no podemos dejar de lado la complejidad del ser humano. Para un funcionamiento óptimo y un adecuado crecimiento en etapas tempranas de la vida, se requiere de múltiples factores que interactúen en armonía. Con respecto a lo anterior, se hace indispensable aprender a nutrir el cuerpo en su totalidad, lo que implica integrar lo que ofrece el exterior (comida, agua, casa) con lo que está en el interior (estados emocionales, relaciones afectivas importantes, autoconcepto positivo). Para entender esto, se puede pensar en un producto que se venda en el mercado, que además de tener un maravilloso y cómodo envase, lo que busca el consumidor es encontrar un producto valioso y de calidad en su interior. Igual de importante es la nutrición emocional en las personas

¿Estamos satisfaciendo sus necesidades mentales y emocionales?

Lamentablemente, pocas políticas públicas hoy en día se enfocan en mejorar el aprendizaje, reconocimiento y procesamiento de los estados emocionales, siendo una imagen común personas saludables por fuera, desde un punto de vista estético, pero con dificultades, complejos y trastornos en el plano mental y afectivo.  

Los seres humanos nacen con la necesidad innata de comer, lo cual se observa desde las primeras horas luego del parto, donde, en circunstancias normales, el recién nacido busca activamente el pecho de su madre para alimentarse. Pero también, al nacer se suman otras necesidades a veces poco vistas o validadas por la sociedad actual: la necesidad de satisfacción de emociones de seguridad, calma, amor, contención y proximidad, las cuales se van a satisfacer o no, dependiendo de la capacidad que tengan los cuidadores principales de leer y responder en sintonía y sincronía a esas demandas.

Los niños nacen expresando placer o displacer, sin embargo, la capacidad de reconocer cognitivamente a través del lenguaje lo que le pasa será dada por el ambiente. Veámoslo en un ejemplo concreto: una guagua recién nacida llora cada vez que la ponen en la cuna, su madre no entiende por qué, ya que su hija comió recién, está mudada, hay una temperatura agradable y tiene sueño, por lo que decide, aconsejada por personas cercanas a las cuales no les pidió la opinión, dejarla llorar hasta que se duerma. Esa niña, que reclamaba a través del llanto el cuerpo de su madre para sentirse segura y así poder conciliar el sueño, va a aprender que esa necesidad no es leída o aceptada por su figura significativa, por lo que lo más probable es que después de un tiempo no lo siga pidiendo, lo que no quiere decir que la necesidad se haya satisfecho, sino que su necesidad probablemente nunca será satisfecha y es por eso que deja de pedirlo. Un aprendizaje bastante doloroso para una recién nacida de sólo algunos meses. 

La nutrición o no nutrición de las necesidades emocionales va a afectar directamente en el autoestima y concepto de mí mismo: “merezco o no merezco”. Frente a esto, es importante señalar que los niños van a proteger la imagen interna que tienen de sus padres, por lo que jamás los van a dejar de querer, pero sí muchas veces se dejarán de querer a ellos mismos. Esto último es un conocimiento derivado de muchos años de investigación y estudio en neurociencias y desarrollo infantil, no es algo que alguien haya inventado para fastidiar a los padres. 

Aquella base emocional que se aprende durante los primeros años, se va a manifestar a lo largo de la vida reflejada en conductas. La forma en que a mí me nutrieron emocionalmente durante mis primeros años, determinará la forma en que voy a nutrir emocionalmente (querer/amar) durante mi vida, a mis amigos al principio, luego a mis parejas y a mis hijos. 

Solo voy a saber amar de la forma en que me enseñaron a amar mis padres. Cabe señalar que esto no significa poner en duda la cantidad de amor que nos tienen nuestros padres, sino las herramientas que tenían para manejar mi mundo interno cuando era pequeño. Sabemos que comer sólo pan y arroz durante la semana es comer comida, pero seguro no nutre de la misma forma que una dieta que incluye variedad de verduras, proteínas, carbohidratos, entre otros. Igual de importante es la nutrición emocional, es importante que sea variada, de calidad y consciente, para que la nutrición sea una base sólida y firme que permita un desarrollo saludable.

Cómo nutrir emocionalmente

Suena difícil lograr una adecuada nutrición emocional en los niños, pero recuerda que dentro de los ingredientes infaltables en la receta debe estar el amor y la paciencia. A través de un proceso llamado “mentalización”, los adultos son capaces de ir poniendo en palabras lo que los niños necesitan, por ejemplo, podrán saber que esas ganas de tirar los juguetes, gritar y llorar se llama “rabia”, que esa preocupación por lo que va a pasar se llama “ansiedad”, o que esas ganas de que su hermanito no esté en la casa se llaman “celos”, entre muchas otras. 

El que exista un otro capaz de sostener todas aquellas emociones, les mostrará al niño que son válidas y que puede encontrar una manera de expresarlas adecuadamente, además de aprender a buscar y gestionar soluciones. De lo contrario, dichas emociones seguirán latentes y se expresarán por medio de sintomatología: dificultad para dormir, pataletas, poco control de esfínter, etc. Es importante no olvidar que el cuerpo habla, y cuando no se escucha, grita. Esos niños con un déficit en su dieta emocional, tienen más tendencia a convertirse en adultos con problemas de ira, obesidad, anorexia, incapacidad para mantener relaciones estables, violentos, entre otros síntomas que se pueden observar a diario. 

La sugerencia es nutrir no sólo el cuerpo físico de los niños, sino también su corazón y cerebro. Nutrir su vida social para saber establecer relaciones profundas, basadas en la empatía y la comprensión.  Nutrir su imaginación, creatividad, amor por la naturaleza y por los demás. Nutrir sus estados emocionales, contener y validar las experiencias del día a día, para que puedan crecer y convertirse en adultos sanos, que no tengan que reparar su infancia: “alimentemos su mundo emocional durante la infancia y no tendrán hambre el resto de su vida”.  

Y tú, ¿qué le quieres mandar a tu hijo en su mochila mañana?

Fernanda Karlezi y Anastasia Fernández, Psicólogas de Primera Infancia Centro Acuna

 Instagram @centroacuna, Página Web www.centroacuna.cl

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