Aborto espontáneo en primera persona

Con el boom de las redes sociales es común hoy en día ver mamás radiantes, con sus panzas creciendo, dichosas. Hay tantas ilusiones y emociones asociadas. Pero poco y nada se habla de esas madres que, por una u otra razón, no lograron llegar a término con su embarazo. Se suele no hablar mucho de los abortos espontáneos, casi como si no existieran. Pero la pérdida y el duelo son reales. Josefina Achondo nos cuenta sobre su primer embarazo y también, sobre su primera pérdida.

El viernes 26 de marzo de 2021 decidí hacerme un test de embarazo ya que llevaba 5 días de retraso. En mi caso parecía ser algo innecesario de realizar ya que llevaba un dispositivo intrauterino (DIU), el cual también suele conllevar un ciclo menstrual irregular, pero no podía dejar de pensar en la idea de que estaba esperando guagua. Digámosle intuición o paranoia, pero esa tarde miré el test y había dos rayas rosadas medias difusas las cuales luego corroboré con otro test que marcaba: embarazada. Lo que sentí y viví las 3 horas después de eso fue de un shock e incertidumbre que me dejó para adentro. Mis primeras dos llamadas fueron a mi mamá y a mi pareja, ambos reaccionaron de la mejor manera posible.

A mis 24 años de ese entonces un embarazo no era algo deseado, pero desde ese momento en adelante nunca dudé en que sí iba a tenerlo. Posterior a eso fuimos a la clínica y me realizaron un test de sangre que volvió a corroborar el embarazo. Me acuerdo del doctor perfectamente y su cara seria cuando me comunicaba el resultado y que debíamos sacar el DIU de inmediato. Y así fue, me retiró el dispositivo y luego me explicó las probabilidades de pérdida. Probabilidades que en ese momento sonaron tan solo números imposibles de aterrizar o comprender. Debía volver en tres días más a realizarme de nuevo el test de GCH. El lunes 29 de marzo descubrimos que no había desarrollo embrionario, seguido por una llamada del doctor de turno que mencionaba que era “en parte una buena noticia”.

Fueron tres días, un fin de semana. ¿Qué es lo que puede pasar en tan solo tres días? Me di cuenta que mucho. Se había configurado en mi cabeza y en la de mi pareja, en nuestro imaginario, una guagua, un hijo. Que no es de nadie más. Íbamos a ser papás juntos.  Suponíamos sobre el sexo que iba a tener, el pelo que iba a tener, los ojos que iba a tener, hasta el signo zodiacal que iba a ser. Busqué videos en Youtube sobre los primeros meses de embarazo, busqué si podía hacer muay thai durante el embarazo y busqué si le hacía mal el remedio que tomo a diario. Tuve miedo también, a lo desconocido y a la incertidumbre, pero pensé que todo se había dado de forma sincrónica. Habíamos desafiado las casi nulas posibilidades de quedar esperando guagua con el dispositivo. Es difícil explicar lo mucho que pude llegar a amar a ese ser en sólo 3 días. Tocaba mi guata, y lo visualizaba aunque sea a nivel imaginario. Le hablé directamente y sentía una emoción gigante que embargaba mi cuerpo y sonreía. Desde ese momento quería entregarle todo el amor. Iba a cuidarlo y a hacerme cargo.

Posterior a la pérdida, fue difícil comunicar lo que sentía y el vacío que dejó en mí algo que apenas fue. Hay mucho de lo que otras personas te dicen también que hace aún más difícil sentirse comprendida: “Vendrán otros”, “Eres joven”, “Por algo pasó”, “Es muy común abortar en las primeras semanas”. Con mi pareja tampoco lo vivimos de la misma manera, lo que a veces provocó desencuentros. Pero finalmente nos acompañamos y en conjunto realizamos un ritual donde guardamos en una caja los test de embarazo, el examen de la clínica, y una carta. Ritual que de alguna forma ayudó a hacer real lo que habíamos vivido, honrarlo y procesar lo que en tan poco tiempo no se pudo. Por otra parte, leer blogs y a otras mujeres contando experiencias similares a las mías fue lo que me ayudó a validar mi pérdida.

Hoy a unos 9 meses, no puedo evitar pensar en lo poco que quedaría para ver a mi guagua. A veces me preguntaba si mi historia, la historia de mi primer embarazo, está dentro de lo que se clasifica socialmente como una pérdida. Y ponía en duda mi propia pena y la propia existencia de ese ser dentro mío. Se podría decir que eran solo células, un conjunto de ellas, posiblemente sin ninguna forma embrionaria. Sin embargo, estaba embarazada. Estaba esperando una guagua. Palabra que dice que había una espera, expectativas, miedos, emociones, para la guagua y el hijo que venía. Ahora lo sé, sé que fue real, y es real cada vez que se me hace un nudo en la garganta cuando me expreso verbalmente sobre lo que ocurrió. Y es real como sucede en esos momentos, ganas de llorar, sin saber y sin poder explicar a qué nivel me afectó todo lo que ocurrió.

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