Sofía fue mamá hace 1 año y 3 meses. Está agotada, pero feliz. Así describe un día normal en su nueva cotidianeidad.
 

6:00

Suena, o mejor dicho vibra, mi alarma. Me despierto rápido y me levanto con mucho cuidado. No quiero despertar a nadie.  

6:30

Ducha, desayuno, preparo la mochila de Iñaki. Dejo listo su almuerzo.  

6:40

Preparo su leche, rezo para que no se despierte demasiado. Entro sin zapatos para no hacer ruido. Me lavo los dientes, me miro al espejo.  

7:00

¡Estoy atrasada! Corro al auto para ir al trabajo. Pongo música alegre en el camino. Necesito activarme.  

7:30

Abro mi mail y Google Calendar. Veo cómo viene mi día. ¿Cómo se habrá despertado Iñaki?  

8:00

Empiezan las reuniones. Necesito un té, nunca me ha gustado el café. Intento saludar a todos de forma alegre. ¿Iñaki se habrá quedado llorando cuando lo dejaron en el jardín? Intento disimular lo cansada que estoy.  

11:00

Sigo en reuniones, se me acumula el trabajo. Llevo 3 té, que nadie se de cuenta que dormí 4 horas. No quiero ser una mamá que alega todo el día. Tengo que trabajar más duro porque tuve 1 año de post natal.  

14:00

Surgen problemas y más problemas en el trabajo. Tengo que resolverlos todos. Tengo que demostrar que puedo seguir trabajando bien.  

15:00

Almuerzo rápido. Reviso la aplicación del jardín de Iñaki, han subido fotos y comentarios. Me baja la culpa, recién ahora los veo. Como de más.  

16:00

Por fin puedo hacer trabajo administrativo. Pero no alcanzo, tengo mucho que hacer. Me llega una notificación que tengo que mandar materiales y un disfraz a Iñaki. ¿De dónde lo saco?  

17:00

Estoy en un taco, no alcanzo a ir a buscar a Iñaki, va mi marido. Tengo que terminar una presentación para mañana. Tengo que pedir hora al doctor y vacunarlo. Tengo que comprar un regalo de cumpleaños pendiente.  

17:30

Lavo y cuelgo ropa. Vacío el lavavajillas. Todo mi departamento está sucio y desordenado.  

18:00

Veo a Iñaki. Lo miro, lo amo, lo abrazo. Le leo un cuento, armamos una torre. Está cansado, no ha dormido bien. Al menos hoy estuve un rato con él.  

18:30

Le doy comida. No quiere. Quiere postre. Llora. Quiere estar en brazos. Lo tomo, le canto. Hoy no lo baño, no puedo pelear más.  

19:00

Pijama y cuento. Cuento por tercera vez, no quiere dejar de leer.  

19:30

Llora. Está muy cansado. Le canto, lo abrazo. Llora.  

19:40

Estoy atrasada, tengo que ir al kinesiólogo. Tengo que recuperarme para hacer deporte. No me entra mi ropa. Dejo a Iñaki con mi marido. Corro y lo escucho gritar.  

20:30

Tengo culpa. Quizás debería haberme quedado con Iñaki.  

22:00

Preparo las cosas para la noche, leches, ropa. ¿Cómo le habrá ido a mi marido en su día? Me pongo pijama. Me acuesto, fue un buen día, estuve con Iñaki. Nos reímos y nos abrazamos.  

22:30

Me meto a la cama. No sé si leer o dormir. Llega mi marido, está cansado.  

23:30

Escucho a Iñaki gritar. “Déjalo solo”, dice mi marido. Me torturo por 5 minutos mirando el reloj. Voy a verlo.  

1:20

Se vuelve a dormir.  

4:20

Iñaki llora de nuevo. “No vayas”, escucho al lado. Mi hijo me necesita, voy a acompañarlo. No sé qué le pasa. Ojalá no esté enfermo, no puedo faltar al trabajo de nuevo.  

6:00

Suena de nuevo mi alarma. No dormí nada, estoy cansada. Veo su foto, soy feliz, espero hoy poder verlo. Se me olvidó hacer el almuerzo.